ROTARY CLUB DE BUENOS AIRES

 

Reunión del miércoles 6 de febrero del año 2002

 

En el Mes de la Comprensión Mundial

 

Programa de hoy

 

Izado de las banderas

El vicepresidente a cargo de la presidencia D. Juan Carlos Ottolenghi invitó a izar la bandera argentina a Francisco Loyúdice y la bandera rotaria a Carlos Bonamico.

 

Informe de la Secretaría, por Napoleón Paz

Amigos rotarios:

Tengo el gran honor de ocupar esta tribuna en reemplazo de nuestro amigo secretario, ausente por estos días. Y por ausencia de nuestro presidente Alfonso Racedo preside la reunión el vicepresidente 1* Juan Carlos Ottolenghi y lo acompañan en esta mesa cabecera Ferruccio del Bene, Ricardo Moral, Pedro Simoncini, Ricardo Salerno, Víctor Massuh, Francisco Loyúdice,  Félix Etchegoyen, Carlo Bonamico, y Enrique Schcolnik.

El orador de la fecha nuestro consocio Dr. Francisco "Pancho" Loyúdice  nos hablará sobre "Influencia italiana de la sociedad argentina" y sus invitados el Dr. Gómez Centurión (ex gobernador de la provincia de San Juan), el Arq. Luis Cavillon, el Dr. Carlos Malaret.

Quiero informarles que el próximo miércoles 13 realizaremos las Asambleas de Fin de Ejercicio y de Elección de Autoridades.

Les recordamos que están a disposición de ustedes en nuestra secretaría la Memoria y Balance del ejercicio pasado.

 

Estuvieron presentes

Rotarios del exterior:  Rolan Zick, de Boulder, California, Estados Unidos y Lee Lawson, de Longmont, Colorado, Estados Unidos.

Invitados de socios: Pedro Naón invitado por don Mario L. Piñeiro y Mario Cavasotto invitado por don Marcelo Studer.

 

DISERTACIÓN DE LA SEMANA

"Influencia italiana en la sociedad argentina"

por el Dr. Francisco Loyúdice (*)

Señores:

Dice un proverbio árabe, tan bello por lo que expresa como por la manera de expresarlo: "Si eres rico. da una parte de tus bienes, si eres pobre da tu corazón". Esto último es lo que estimo hacer en esta conferencia: no les puedo brindar conceptos originales, ni galas oratorias que encubran piadosamente mi falta de originalidad, pero puedo expresarles lo que pienso, y un hombre que dice lo que piensa ofrece algo de sí mismo a los demás.

Yo cuento con esta ofrenda para ser juzgado con benevolencia.... por esta audiencia calificada.

El que da todo lo que tiene, así fuera un gano de maíz o el pétalo de una flor, escala de un golpe la más alta cumbre del desprendimiento.

Cuento además con vuestro espíritu para realzar mi propio espíritu (decaído y casi vencido por circunstancias especiales y rehabilitado por el amor que todo lo puede) para infundirle valor a lo que yo diga si carece de él, para darle brillo si resultare opaco, sustancia sino contuviere jugo y, sobretodo, fuerza si acusara de debilidad.

Habent sua fata libelli, ha dicho un eximio poeta latino, frase que podría traducirse así: "El ingenio del auditorio, labra la suerte de la conferencia".

Y ahora entro en materia:

El valor de una nación está representada en la sombra de su bandera, que lo sigue al ciudadano como a su propia sombra, los mares no cortan ese seguimiento; las montañas no lo paralizan; el espacio no lo desvía ni lo suspende; por doquier que vaya el individuo, el espíritu de su bandera va en su compañía junto a su corazón; es una escolta invisible e inevitable, que a veces le resta significación al escoltado, otras se la presta y en algunos ni se la presta ni se la resta.

En los europeos en general, la escolta se transforma en una guardia de honor, en el judío toma la forma de un espectro "los padres comieron uvas verdes y los hijos sufren dentera" dice la Biblia, pero a veces no son los padres, sino los padres de los padres y la dentera se manifiesta en los hijos de los hijos.

Nosotros no tenemos valor nacional, el nombre de la Argentina no despierta en el extranjero recuerdo de un país "blasonado": ni nos temen, ni nos admiran, ni lo desdeñan, ni lo quieren, y en realidad no lo conocen (sólo por Maradona o por Gardel).

Carecemos de historia, porque la historia es una larga, accidentada, penosa y a veces infamante peregrinación a través de los años y nosotros sólo hace breves momentos que emprendimos la marcha.

No hemos robado ninguna provincia, no hemos sojuzgado ningún país; no hemos hecho estremecer la tierra con el rodar de los cañones; no hemos sembrado la peste ni el hambre ni el odio por el mundo; no hemos acordado a ningún hombre el derecho de hablar más alto que otro (salvo una infeliz circunstancia de corto período) no nos hemos abierto las venas para que la autoridad fuera un atributo de la sangre; no hemos hecho el sacrificio de nuestras almas al ídolo de la devastación, al genio destructor de la caverna ancestral.

Un siglo en la vida de un país equivale a un minuto en la existencia del hombre y un minuto no es nada en la noche definitiva del tiempo; apenas si permite fulgurar un pensamiento o deja esbozar un designio.

Nosotros hemos hecho mucho más; hemos roto unas cadenas, fundiendo con sus eslabones una estatua a la libertad y la democracia.

 

La Argentina es diferente al resto de América Latina

Brasil sin ser peyorativos, no es igual a la República Argentina, porque ha recibido en la formación de la identidad de su pueblo una influencia LUSO AFRICANA.

Los mexicanos en su identificación tienen una gran influencia azteca. Los centroamericanos allí la influencia es hispano, africano maya.

En los países de la costa del Pacífico, el influjo incaico-africano tiene influencia en la personalidad que los identifica.

¿Y los argentinos qué influencia han tenido para la formación de su pueblo?

Se dice que los argentinos descienden de los barcos. Y esta aseveración es real.

Pero en dichos barcos el 60 % de sus pasajeros eran italianos, el 30% españoles y el 10% restante, de distintas nacionalidades.

La importancia numérica de la inmigración italiana en la Argentina, se acrecienta al medir su influencia en nuestro país. Ese influjo es tan fuerte, extendido y profundo, que resulta difícil discernir todo lo que la vida argentina le debe.

Durante su visita a su país, en 1884, Edmundo De Amicis, el autor del libro "Corazón", tuvo a sensación de encontrarse en su patria. Le parecía estar en una ciudad del Piamonte, aunque estuviera a 2000 leguas de Italia.

Pocos años después, el Primer Ministro de Italia, Francisco Crispi comprobaba que todo lo argentino estaba impregnado de italianismo. El acento, la gesticulación, algunos usos y abusos, la vestimenta, las comidas, la música habían sido penetrados por aquellas modalidades que los itálicos desembocaron en Buenos Aires, junto con sus más caras ilusiones.

Procedían de todas las regiones de Italia. Traían sus oficios, pronto constituyeron el núcleo dinámico del comercio (lo que yo llamo las PYMES genovesas del fin de siglo 19). La inteligencia itálica inyectó vitalidad a la cultura argentina, aportó ideas y enriqueció su sensibilidad.

Esa sensación de encontrarse en Buenos Aires, como en su Italia natal, se reitera en nuestro siglo cuando algunos presidentes de Italia, confiesan experimentar la misma sensación que Edmundo De Amicis. Esta es una avenida de doble mano: cuando argentinos sin atisbos de sangre italiana (Félix Luna), dicen sentirse como en la Argentina cuando visita Italia.

De Amicis se emocionó visitando esas casas humildes de La Boca y San Telmo, con retratos colgados en las paredes de Garibaldi y Víctor Manuel, con fotos amarillentas pegadas en las paredes, rizos de cabellos, imágenes de Italia y hojas sueltas de periódicos. Era todo lo que les quedaba de su lejano país.

Esos inmigrantes abandonados a la mano de Dios, en este brillante país – sin ninguna ayuda de los gobiernos italiano y argentino – se abrieron paso con su cultura de trabajo, sangre, sudores y lágrimas.

Accedieron a la política, y sobre todo en el siglo pasado, directamente al patriciado argentino, como Bucarelli, Rivarola, Belgrano, Castelli, Alberti, Berutti, Pellegrini, De Angelis, Penna, Pirovano, Charlone, ltiribone, Cárcano, Olivieri, Morra, etc. etc.

Es evidente y ya no hay duda que el primer navegante que llegó al Río de la Plata fue Américo Vespucio, un trabajo bien documentado de Enrique De Gandía demuestra la falacia que daba como descubridor del Río de 1a Plata a Don Juan de Solis. No sólo descubre el citado sino que navega por los ríos Paraná y Uruguay; luego costea la Pcia. de Buenos Aires y la costa patagónica hasta llegar al estrecho de Magallanes. Según De Gandía también descubrió las islas Malvinas.

El primer asentamiento poblacional fue realizado por Sebastián Gaboto quien en 1527 fundó el fuerte de Sancti Spíritu en el entrecruzamiento del río Paraná con el Carcarañá. Luego siguió avanzando por el Paraná y llegó hasta el río Paraguay pasando previamente por Santa Ana, Corrientes.

El primer cartógrafo de nuestras costas atlánticas (patagónicas) fue Antonio Pigaffetta que participó en la expedición de Magallanes y luego de su muerte, terminó el viaje con Sebastián Elcano. Al finalizar el viaje realizó el primer mapa de las costas patagónicas argentinas.

Don Pedro de Mendoza

En la historia argentina figura como uno de los soldados más avaros y audaces de su tiempo, corroído por llagas propias de un héroe del dios Eros antes que de Marte y que se jactaba abiertamente de haber intervenido en el célebre saqueo de Roma, ordenado por su rey Carlos V y perpetrado por el condestable de Borbón, a cuyas órdenes estuvo: pero no como militar, sino como funcionario civil y protegido del Emperador, por cuya causa pudo vender su protección a los cardenales y personajes de la corte pontificia, amasando inmensa fortuna. Otros dicen que saqueó los palacios de los religiosos, los de la nobleza italiana y también las iglesias. De cualquier modo. se hizo dueño en Italia de copiosa riqueza.

Entretanto, habiendo vuelto Carlos V en 1533 a España, se encontró con que los fantásticos tesoros de los Incas, caídos en manos de Pizarro, habían convertido en región interesante también el Río de la Plata, por lo que menudeaban las capitulaciones, es decir, pedidos de contratos entre la corona y los particulares, en virtud de los cuales éstos se comprometían a colonizar por su cuenta el territorio y aquélla les acordaba, de acuerdo con ciertas condiciones, el derecho de gobernarlo. Este poder se llamaba Adelantazgo.

Después de cuanto antecede, se comprenderá por qué Carlos V apareció con la capitulación del Río de la Plata a su protegido gentilhombre de cámara don Pedro de Mendoza, nombrándole Adelantado y Gobernador General del Río de la Plata.

Con el dinero que había amasado en Italia, pudo organizar por su cuenta aquella expedición, que se componía de ocho naves, crecido séquito civil y militar y damas de todas las categorías, para solaz y consuelo de tan esforzados descubridores durante el largo y tedioso viaje; pero, esencialmente, todos arrastrados por el influjo que sobre sus mentes ejercía el mejoramiento económico.

El 24 de agosto de 1535, 1os expedicionarios abandonaron Sanlúcar y después de varios episodios, como su estada en las islas Canarias, donde se les allegaron tres naves más, y su detención en la desierta bahía de Río de Janeiro, en cuyo lugar Mendoza ordenó el asesinato de su favorito Juan de Osorio, echó anclas el 6 de agosto de 1536 en el Riachuelo de los Navíos.

Escogida la ubicación, no en los bañados o pantanos del Riachuelo (imposibles de habitar) como se creyó erróneamente hasta no hace mucho, sino a media legua lejos o más al Norte, sobre la barranca o la entrada del puerto, fundó la ciudad de Buenos Aires; mas el primero en bajar a la tierra no fue Mendoza, sino su escudero. el italiano Leonardo Gribeo (oriundo de Cagliari), que en su carácter de tal se adelantó para dar mano a su jefe.

Aunque los cronistas no están de acuerdo sobre el número de personas que acompañaron a don Pedro de Mendoza, se sabe que alcanzaron a más o menos 1250, de varias nacionalidades, especialmente italianos; de otra manera no se explicaría por qué el genovés Bernardo Centurione, miembro del Estado Mayor y cuadralvo de 1as galeras del príncipe Andrea Doria, figurara en la misma, ya que cuadralvo significa jefe de cuatro naves y presupone, por lo tanto, que Andrea Doria había contribuido con dicho número de naves genovesas, cuyos tripulantes no podían ser de otra nacionalidad.

Es posible que con el andar del tiempo se sepan los nombres de los italianos que tripulaban, muchos de los cuales se quedaron en la nueva Buenos Aires, entre quienes cabe señalar, mientras tanto, a los genoveses Pedro Sangarme y Juan Ambrosio, el lucano Sebastián Salerno y el sardo Leonardo Gribeo, que según cierta leyenda de Pastor Obligado, fue el primer italiano que pisó tierra argentina.

El nombre de Buenos Aires

Las personas que sin otro fundamento que las indocumentadas versiones de Ruy Díaz de Guzmán, el cual, si bien nos endilga sus patrañas, también sabe ponerse a cubierto del descrédito a que le han hecho acreedores los ridículos errores en que incurre, amegando que se lo contaron antiguos conquistadores y personas de crédito, pasando por encima de la primera condición de la historia. Desde el punto de vista científico esto es, la verdad. Dan por cierto y seguro que el capitán Sancho del Campo fue quien al poner pie en tierra exclamó:´Oué buenos aires los de esta tierra.’ y que por haber repetido sus compañeros las mismas palabras quedó consagrado el nombre de Buenos Aires al paraje, olvidan que en la historia todo ha de ser real y positivo.

En su aversión u odio al esfuerzo mental. a la investigación, omiten o ignoran que cuando don Pedro de Mendoza nombró en 1537 delegado a Juan de Ayolas y teniente gobernador a Ruíz Galán encabeza el documento haciendo poner el nombre de la localidad donde es redactado, esto es, el de Nuestra Señora de Buenos Aires, en tanto que en el codicilo del 3 de junio de 1538, lo perfecciona poniendo: Nuestra Señora María del Buen Aire. Lo que significa que la fundación primera de esta ciudad no se refiere a los buenos aires. puesto que en todos los despoblados del mundo corren buenos aires, y un nombre así y de tal origen demostraría poca inventiva en los conquistadores, quienes dieron, sin embargo, muestra de lo contrario, sino a la Virgen María de los Bicheros Aires o Buenos Vientos, patrona entonces de la navegación a vela.

En cuanto a los que, aunque de acuerdo con nuestra conclusión, han pretendido hispanizarla caprichosamente, afirmando que el nombre proviene de un antiguo y milagroso santuario de Sevilla, donde los marinos rendían culto a Nuestra Señora del Buen Aire, cuya protección los ayudaba con vientos favorables, también andan descaminados, por la razón de que hasta el regreso de los que participaron en la expedición de Magallanes, 6 de septiembre de 1522, no hubo en la mencionada ciudad española ninguna iglesia ni santuario que tuviera aquel nombre.

Porque si lo hubiera habido, lo primero que habrían hecho los sesenta sobrevivientes de la famosa expedición, al bajar de la Victoria, hubiera sido dirigirse en misión piadosa al mismo para dar las gracias a la Virgen María de los Buenos Aires o Vientos. Y nadie más indicado ni predispuesto que ellos para dar ese paso, después de su vuelta al mundo. En cambio, consultando el libro de

Piratea, que no tuvo motivos para ocultar lo que no existía. leemos lo siguiente: El 8 de septiembre, lunes, fondearon cerca del muelle de Sevilla y dispararon toda su artillería.. Al día siguiente. Los sobrevivientes bajaron de la nave y en mangas de camisa, descalzos y lloviendo. ¿Por qué no visitaron la de Santa María de los Buenos Aires? Por la sencilla razón de que no había sido inventada todavía por los hispanistas. Expertos en fabricar historias.

Sin embargo, ya existía entonces en Cerdeña un santuario famoso en todo el Mediterráneo, en el que se veneraba desde hacia largo tiempo una prodigiosa imagen, llamada Santa María della buon’aria (Santa María del Buen Aire o de los Buenos Vientos), protectora de los navegantes, quienes acudían de todos los puertos de Europa para rendirle culto y honores. Se hallaba en Cagliari, la antiquísima Carolis de los romanos, uno de los principales establecimientos cartagineses, luego que éstos se apoderaron de la isla. Dividida en cuatro partes, entre ellas la ciudad vieja o Casteddu (Castillo), que se extiende sobre una altura escarpada, en su parte más alta, subiendo por una escalinata, se llega a la catedral o santuario de Santa María della buon’aria. Este templo, construido en 1312 por los pisanos, fue corregido más tarde en su fachada barroca, que se reconstruyó en el mismo estilo que los pórticos laterales edificados por los navegantes pisanos.

Vicente Fidel López, en su Historia Argentina escribe: En el siglo XIV se veneraba en Cerdeña una milagrosa imagen conocida con el nombre de Nuestra Señora de Buenos Aires, a la que dio culto y ricas ofrendas un rey de Aragón por haberse salvado de una borrasca en el mar, como consta o se dice en el Libro del Conde de Tilly impreso en Sevilla. En Palermo existió de antiguo el mismo culto.

Eduardo Schiaffino, en su Urbanización de Buenos Aires, hablando sobre la Virgen del Buen Aires, manifiesta: Su culto en calidad de Patrona de los Navegantes parece ser oriundo de Cagliari, en Cerdeña, bajo la denominación de Bonaria (imagen de bulto, que se dice en 1370. pero que es evidentemente posterior).

Con tales antecedentes, se explica que Pastor Obligado, en sus Tradiciones Argentinas, al referirse a Leonardo Gribeo. Natural de Cagliari, que acompañó en calidad de escudero a don Pedro de Mendoza y fue el primero que fijó su planta en el lugar donde se levanta la capital argentina, atribuya el nombre de Buenos Aires a sugerencias del fiel escudero o al propósito que tuvo el Adelantado de bautizar dicho paraje con el nombre de la milagrosa virgen de que sin duda hubo de haberle hablado Gribeo y bajo cuya protección se ponían en aquellos tiempos los que se aventuraban a hacer largas navegaciones.

Después de aquella última cita, Schiaffino, en su buena fe, agrega: floreció también en Sevilla en la derrumbada iglesia de Nuestra Señora de los Buenos Aires, cuya imagen de talla (siglo XVI) ha pasado al altar mayor del Seminario de San Telmo y tuvo también su culto en una antigua capilla de la Iglesia conventual de San Francisco, en Córdoba (R.A.), etc. Pero, ¿no es sospechoso que no pudiendo ser documentada la hispanización del nombre de Buenos Aires, se llegue, además, al extremo de borrar todo vestigio, alegando, por último que el fantástico Santuario o Iglesia de Sevilla, posterior en el mejor de los casos al de Italia, se derrumbó por su antigüedad, cuando el de Cagliari continúa siendo visitado desde el siglo XIV?

Como se ve, la Virgen del Buen Aire, adoptada por la ciudad porteña, entre las cuatro imágenes que se conocen, y que pertenecen a la Escuela Sevillana (1750), nada tiene que ver con la verdadera Cagliari, la única que tiene el derecho de ser adornada como patrona de Buenos Aires, pues debe tenerse muy presente que, por pertenecer en aquellos tiempos Cerdeña al reino de Aragón, fue lo más natural en don Pedro de Mendoza dar a la nueva ciudad el nombre de aquella milagrosa virgen.

Don Pedro de Mendoza posiblemente era devoto de la "Virgine di Bonaria" que se venera a Cagliari (Cerdeña) en el Convento de los Padres Mercedarios, al igual que en Sevilla en el Barrio de Triana. Los navegantes del mediterráneo rendían ferviente culto a dicha virgen i la invocaban en sus viajes. En la tripulación de Mendoza viajaban dos mercenarios, fray Justo de Zalazar y fray Juan de Almacián. Zalazar tuvo gran ascendiente espiritual sobre Mendoza, quien en realidad los necesitaba por los males que padecía y tal vez consiguió la promesa de que bautizaría con la advocación de la Virgen del Buen Aire al primer puerto que fundase. Siempre se había creído que el nombre de nuestra ciudad se debió a un tripulante de la expedición Sancho del Campo, quien al saltar a tierra había exclamado... "qué buenos aires son los de este suelo".

Recién en 1892 don Eduardo Madero descubrió la existencia de la virgen en Sevilla y se consideró que de allí era su origen. Posteriormente se supo que la imagen de Sevilla era una copia de la original que se venera en Cagliari y Cerdeña, Italia.

Otros que fueron fundadores del actual Buenos Aires

Hemos visto que Leonardo Gribeo fue el primer italiano que pisó tierra argentina, o mejor, el primer europeo que puso los pies en el sitio donde Pedro de Mendoza echó los fundamentos de la primera Buenos Aires, destruida por los indios querandíes.

Cuando más tarde, el 11 de junio de 1583, e1 general Juan de Garay fundó por segunda vez la misma ciudad, un hijo del mencionado Gribeo llamado Lázaro, formó parte de los 63 mancebos de tierra que respondieron al llamado del célebre fundador, correspondiéndole en el nuevo asiento y distribución un cuarto de manzana en una de las esquinas actuales de San Martín y Bartolomé Mitre y otra suerte de tierra de los alrededores, de 400 varas de frente, siendo igualmente agraciado con otra fracción de 3.000 varas de frente con fondo hasta la frontera de las casas de los maranies.

Le siguió en el reparto el italiano Pedro Franco, que resultó agraciado con una manzana de tierra y una suerte de 400 varas de frente en los alrededores de la ciudad.

Y no sólo figuran los dos nombrados en dicha repartición de solares, pues intervinieron otros italianos o descendientes de italianos, entre ellos Francisco Pantaleone, Miguel Cozzo, Sebastián Bello, Antonio Roberto, Luis Gaetano,

Pedro Francisco. Bernabé Veneziano (tal vez Luis Venezia, que vino con Alvarez Núñez, o bien algún hijo del mismo, nacido en esta tierra). Pedro Teane. Erceo Bello, Esteban Bello, Anco C. Cozza, un tal Conno y cierto Corzo.

El primer maestro de escuela que tuvo la ciudad de Buenos Aires fue el napolitano Francisco Vittoria que se presentó al Cabildo y solicitó un local para enseñar a leer y escribir.

Cobraba un peso para enseñar a leer y dos pesos para enseñar a leer y a escribir. Seis meses después cuando quiso retirarse de la ciudad de Buenos Aires. El Cabildo se lo impidió porque no tenía reemplazante.

Según el registro estadístico del Estado de Buenos Aires editado por R. Trelles (año l 859) sabemos que a partir de 1714 en adelante ejercieron sus funciones de alcaldes de la ciudad de Buenos Aires los italianos Vicente Ventollazza y Pablo Della Quadra, cargo que desempeñaron hasta 1720.

En 1735 aparece nuevamente Ventollazza acompañado por Mimel Merlo, también italiano como los anteriores.

Dominao Belgrano y Peri

Nacido en Oneglia en 1731. Abandona Italia y se establece en España, después de permanecer varios años y hablar perfectamente el español, se embarca para Buenos Aires en 1759. Se casa con una criolla, María Josefa González Casero. De esa unión tienen diez hijos. Uno de ellos fue el canónigo Domingo Estanislao Belgrano.

Y el otro el gran patricio, Dr. Manuel Belgrano, uno de los grandes padres de la Patria y fundador de nuestra bandera nacional.

Don Angel Castelli, nacido en Venecia, abandona su patria y se radica en Buenos Aires en 1772. Instala una botica y actúa como boticario y médico.

Se casa con Doña María Villarino y González por la cual se transforma en cuñado de Domingo Belmano.

Es el padre de Juan José Castelli una de las figuras más preclaras de la Revolución de Mayo y por supuesto patricio prócer de la Independencia.

Don Pablo Beruti (su apellido real era Berrutti) nacido en Génova en 1733, casado con Doña Juana Quintela en España, enviuda, conoce a Domingo Belgrano que lo invita a radicarse en la República Argentina junto con el cual llega a Buenos Aires. Se casa en segundas nupcias con Doña María del Carmen González Alderete.

Es el padre del Dr. Antonio Luis Beruti, creador de la escarapela y de gran actuación en la Revolución de Mayo, incitando -junto con French- al pueblo que se congregó en la Plaza, a apoyar la Revolución.

Francisco Bruno Rivarola, médico nacido en la Limria. Llega a Buenos Aires y se instala en la misma.

En 1779 cuando se instituyó en Buenos Aires el Tribunal del Protomedicato (precursor de la Facultad de Medicina), Rivarola fue llamado a participar del mismo; fue uno de sus organizadores más activos que inició las bases que posteriormente dieran luz a la Facultad de Medicina.

Evocaremos en una breve síntesis la participación de los ítalo-argentinos en la Revolución de Mayo.

Para tener una idea de su participación activa, hay que tener en cuenta que Buenos Aires para fines de 1810, según censo detallado por Trelles, tenia 30.000 habitantes; de los cuales sólo 200 eran italianos e hijos de italianos, de los cuales la mayoría era genovesa.

Si nosotros pensamos que en la Primera Junta de Gobierno nacida el 25 de mayo, sobre un total de 8 miembros, tres de ellos Castelli, Belgrano y Alberti) tuvieron una actuación revolucionaria de primerísimo orden, podemos decir con autoridad que nuevamente se hacía sentir la influencia italiana sobre nuestro pueblo. Además Esteban De Luca fue el poeta de la Revolución y el marino Azopardo también participó de la misma.

Por si fuera poco lo recién comentado en la Plaza de Mayo incitando a la gente a mantener el entusiasmo revolucionario estaba Beruti.

Después de lo que acabamos de describir nos preguntamos: "Cómo pudieron esa escasa minoría de descendientes de la patria del emperador Augusto, que vegetaban desperdigados en las Provincias Unidas del Río de la Plata y vivían envueltos en leyes que repugnaban a sus sentimientos tradicionalmente civilizados, soportar y no sublevarse contra las injusticias de los que no le daban descanso con sus arbitrariedades y expulsiones?

Por ellos contestaremos nosotros con una serie de elucubraciones filosóficas: no hay duda que vinieron a trabajar, a producir, a inculcar a sus seres queridos, familiares, amigos, etc. los deseo vehementes de tener una patria libre, fuerte, y ande y unida.

Y en el ardor en que procuraron trasmitir a sus hijos, a sus amigos, al pueblo mismo, trasmitieron su pasión sin interés por la libertad argentina y a través del clarín libertario pregonaron la libertad, la igualdad y democracia que resonaron primero en las riberas del Plata, repercutió el eco en las montañas de Chile y también en todas la colonias que España tenía en América, a través de sus hijos los paladines de ese sentimiento carbonario representado por los insignes patriotas de la generación de Mayo, Belgrano, Castelli, Alberti, Beruti, Esteban De Luca, Tomás Espora, Guido y otros muchos que la historia argentina no documentó.

Es por eso que decimos sin peyorativos, España colonizó y esto era lógico pues era una Colonia; y los españoles ejercieron la conducción de la colonia y se llevaban lo que podían.

Italia culturizó en todos los ámbitos de su actuación en la República con una acción militar, política, docente, arquitectónica, musical, etc. Y todos ellos sin excepción sintieron como propias las expresiones de ese tan poeta que fue Guido Spano cuando dijo a través de sus versos que expresaban la emoción de sus sentimientos: "A pesar de los pareres que me depara la vida he nacido en Buenos Aires, argentino hasta la muerte".

Y nosotros le agregamos un pensamiento que sin duda tuvo como tantos otros ítalo-argentinos: "y muy orgullosos de tener sangre italiana en nuestras venas y arterias".

Las islas Malvinas v Francisco de Paula Bucarelli

El derecho de soberanía británica fundado en que Drake fuera el primero en descubrir dichas islas, no está aprobada ni tiene sentido común. También carecen de fundamento la relación de Juan Davis y Hapkins y David. En esos fundamentos se basaban los ingleses para decir que en 1592 habían descubierto las Malvinas.

Descartado ese derecho, las Malvinas, fueron descubiertas por el navegante francés, Luis Alberto Buganvielle, quien el 15 de abril de 1763, después de haber hecho escala en la Isla de Santa Catalina y Montevideo, donde embarcó hacienda vacuna y caballar, fondeó en la Isla de Sabaldas, en la Malvina occidental, el 31 de enero de 1764.

Formado el establecimiento comenzóse con la matanza de lobo de mar y fabricación de aceite de ballena y en 1766, regresó trayendo en los barcos Aguila y Estrella otro núcleo de colonos, provisiones y útiles de labranza.

En conocimiento de los ingleses de cuanto antecede en 1766, enviaron individuos y material, para realizar un establecimiento similar en Puerto Cruzada (más tarde Puerto Edmond).

De ahí que en 1766, Francia e Inglaterra tenían un establecimiento cada una en el archipiélago, bautizado posteriormente por los ingleses como Falkland, así las cosas, cuando España exigiendo reclamaciones a Francia e Italia, fundadas en que las Malvinas pertenecían al ministerio austral americano, debido a ello Francia accede a este derecho y Bugainville, entrega el establecimiento a los españoles el l de abril de 1767. El pabellón hispano fue saludado con una salva de 22 cañonazos.

Las islas quedan a cargo de Felipe Luis Puente, quien a su vez dependía de Don Francisco de Paula Bucarelli.

Inglaterra en 1774 se niega a abandonar las islas hasta 1775. Hasta que el Virrey Francisco de Paula Bucarelli destruyó lo que los ingleses habían dejado en Puerto Egmont y en 1795 fue nombrado primer gobernador de las Islas Don Pedro Pablo Sanguinetti, nacido en Italia, Génova, donde había actuado en la Marina de Guerra.

Volviendo a nuestro tema, después que los franceses entregaron el archipiélago a España, el comandante don Felipe Ruiz Puente, advertido de que en Puerto de la Cruzada (Egnont) funcionaba la citada colonia inglesa, intimó al capitán Hunt, a cuyo cargo se hallaba, abandonara el paraje; pero habiendo aquel alegado que la isla pertenecía a Inglaterra, Puente elevó una nota al enérgico gobernador Bucarelli, quien mandó una expedición al mando de don Juan Ignacio Madariaga, compuesta de cinco fragatas, 1.600 hombres de desembarco, 134 piezas de artillería y tren de sitio. Madariaga tomó posesión de Puerto Egmont el 10 de junio de 1770 y los ingleses se alejaron en una corbeta. Cumplida esta otra misión, verdaderamente drástica, don Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa se retiró a España en aquel mismo año, donde falleció más tarde.

Entre tanto, la indignación inglesa subió de punto. Las relaciones entre España e Inglaterra se pusieron tirantes. Comenzaron a hacerse apuestos bélicos y todo inducía a creer que la guerra entre ambas naciones sería la consecuencia del asunto de las Malvinas. No obstante lo expuesto, se concertó un arreglo, en virtud del cual España restituía Puerto Eynont (solamente) en el mismo estado en que se hallaba antes del 10 de junio de 1770, con la salvedad de que esa cesión no afectaba la cuestión del derecho anterior de soberanía sobre el archipiélago de las Malvinas. Considerando Inglaterra que la entrega de Egmont no era más que el cumplimiento de un requisito, que sólo tenía por objeto lavar la injuria sufrida por la Corona, aceptó el arreglo.

De acuerdo con ello, el comandante español Orduña cumplió las órdenes superiores de hacer entrega de Puerto Egmont al capitán Scott, que al mando de la fragata Juno y de una escuadrilla recibió en septiembre de 1771 la isla de referencia.

Sin embargo, en 1774. 1a política de lord Nort hizo que Puerto Emaont fuera abandonado por Inglaterra de modo que las Malvinas volvieron a España. que por medio del piloto don Juan Pascual Calleias. Despachado al archipiélago por el Virrey. Destruyó lo que los ingleses habían dejado y se quedó con una guarnición. Así, hasta 1795, en que fue nombrado primer gobernador de las islas Malvinas Don Pedro Pablo Sanguinetti nacido en Génova (Italia) donde había tenido actuación descollante en la Marina.

Algunos italianos o descendientes de los mismos, nacidos en la Argentina. quienes tuvieron descollante actuación en los albores de la independencia

Extensa seria la lista de los italianos que por deficiencia de los padrones y matrículas que se hacían en tiempos del Virreinato, ya por la necesidad en que se veían de ocultar su origen en su situación de polizones, para no ser expulsados del Río de la Plata, luego porque se embarcaran antes con destino a España, donde sacaban cartas de ciudadanos, y, naturalizados españoles, se veían poco después lo más tranquilos a Buenos Aires, seguros de que con tales documentos nadie los molestaría y podrían trabajar en paz... Lo cierto es que, a causa de tales anormalidades, nos encontramos a cada instante con italianos que pasan por americanos o españoles y cuyos apellidos han sufrido, en algunos casos, la corrupción ortográfica introducida por los que han querido adaptarlos a otra nacionalidad.

Confiados en que, con el andar del tiempo, se nos hará notorio lo que se nos presenta desfigurado por medio de agregados y sobrepuestos, porque la verdad se revela tarde o temprano como la luz, aunque se la esconda de la vista en el celemín, pasamos a biografiar algunas personalidades de gran relieve en los primeros años de la Independencia Argentina. En la convicción de que algunas son italianas y las restantes descendientes de estos, conclusión que no ha de resultar menos halagadora para los que buscan fundamentos tendientes a concretar la importancia de la inmigración italiana en la Argentina.

Tomás Guido

Este apellido, que identifica dos eminencias de la historia argentina, no tiene sentido alguno en castellano: pero en italiano no sólo equivale en el indicativo de la lª persona dei singular del verbo guiar (guido. Esto es, guío), sino que refiere también a numerosos reyes. Príncipes, duques, marqueses, condes, etc. Por último, en las afueras de Roma. Se levanta cierto castillo Guido (de la familia romana de su nombre). en cuyas inmediaciones Garbillado luchó contra los franceses en 1849.

La primera es el Brigadier Don Tomás Guido. Nacido en Buenos Aires el l de septiembre de 1788, hijo de Don Pedro Guido. Que se matriculó. Como otros italianos, en España antes de embarcarse para el Río de la Plata.

Don Tomás Guido asistió a las invasiones inglesas; fue oficial de la Secretaría de la Junta Gubernativa en la Revolución de Mayo; acompañó al Dr. Moreno en su misión a Inglaterra y en sus brazos murió el ilustre patricio: desempeñó en su patria cargos importantísimos a su regreso en 1812; y mantuvo asidua correspondencia con y andes personalidades de su tiempo. pues a su vasta y profunda preparación cultural unía una fecundidad maravillosa.

Se casó en Chile con doña María del Pilar Spano, hija del coronel don Carlos Spano (otro apellido italiano), quien se sacrificó por la independencia de dicha república. Falleció el brigadier Guido el 14 de septiembre de 1866.

Rufino Guido

La segunda personalidad a que nos referimos es la del rubro, que fue un guerrero de la independencia, nacido en Buenos Aires el 9 de junio de 1796, uno de los fundadores de la nacionalidad argentina. Sirvió a las órdenes de Belgrano, San Martín, etc. y figura en primer lugar entre los héroes del Ejército de los Andes, pues hizo toda la campaña de Chile, la del Bajo Perú. Fue ayudante de campo del Gral. San Martín, a quien acompañó en la entrevista que sostuvo con Bolívar en Guayaquil, como asimismo cuando aquel se retiró de la vida pública, y continuó sus servicios al lado del segundo hasta la rendición de Callao, fecha en que terminó su campaña continental, después de doce años de lucha por la libertad americana. Murió en Buenos Aires, en el año 1880.

Carlos Guido Spano documentó su origen con su cariño a Italia.

Este poeta y literato argentino, de origen italiano, como sus dos apellidos lo indican. Nació en Buenos Aires. el 17 de enero de 1827. Era hijo del Gral. Tomás Guido, de cuya vida nos hemos ocupado y que estuvo o casado con una hija del coronel Spano. Distinguido militar italiano que luchó por la libertad de la vecina República de Chile.

Carlos Guido Sumo pasó su juventud en el Brasil, en el período en que su padre fue ministro argentino desde 1840 a 1851. realizando más tarde viajes por Europa. A su regreso se entregó con gran éxito a las tareas literarias; pero su actuación en la política lo obligó a embarcarse otra vez para el Viejo Mundo. Finalmente, sin obstáculos para residir en su patria, reanudó sus tareas de escritor, realizando una copiosa y exquisita labor literaria que lo ha hecho acreedor a figurar en primera línea en la literatura argentina.

Fue Secretario del Ministerio de Agricultura, Director del Archivo Nacional, Miembro del Consejo Nacional de Educación e individuo correspondiente de la Real Academia Española, distinguiéndose en al comisión popular que en 1871 atendió a los enfermos de fiebre amarilla, por lo que mereció que se le acordara una cruz de hierro.

Sobresalen entre sus obras: "Hojas al viento", "Ráfagas", "Ecos lejanos", "Misceláneas", "At home", "Nenia", "Canto de amor", "Los Guindos", "Al pasar", "Vindicaciones históricas" (en ocasión del centenario de su padre) y otras de gran mérito.

Este poeta de ideas avanzadas, que fue objeto en 1903 de público homenaje, falleció en Buenos Aires el 25 de julio de 1918. Fue un gran admirador de Italia y de la cultura italiana, y no desperdició ocasión para atestiguarlo, como lo muestra el soneto que dedicó al ya trágico Rossi en l873 y que hemos reproducido en "Síntesis histórica de las actividades teatrales e la Argentina"

Fundador de la familia Lavalle

Sostener que el apellido Lavalle equivale a el valle, es olvidar que el artículo femenino la no precede en castellano al nombre masculino valle. Sin embargo, lo que se nos aparece como un arcaísmo o 1icencia poética, providenciales para los que trabajan por la hispanización de todo lo que sea italiano. Se permuta en propiedad recurriendo a la lengua del Sante, para la que siendo femenino el sustantivo similar valle, se explica que lo acompañe un determinativo del mismo género. Esto es, el artículo la: la vulle, cuya traducción es: el ialle. Basados en cuanto antecede, afincamos que en la primera mitad del siglo XVIII se estableció en el Perú. Simón Lavalle Bodega cuyos méritos le permitieron desempeñar varios puestos. Fue corregidor en la localidad de Piura. Contador, juez, oficial de las Reales Cajas de Trujillo, por lo que se hizo acreedor a la Orden de Calavatra en el grado de caballero.

Se alega que nació el 28 de octubre de 1706 en San Pedro de Somorrostro (España); pero nosotros sospechamos que bien pudo ser un italiano de Liguria, el cual antes de emigrar. Hizo gestiones para obtener la ciudadanía ibérica y poder así embarcarse para medrar en las colonias del Nuevo Mundo. En cuanto al apellido Bodega que se refiere a la madre, porqué no puede ser una hispanización de su homónimo itálico Bottega? ¿No se ve muy claro que estamos en presencia de una traducción de nombres italianos y que no es mera coincidencia el que en ambos idiomas los dos apellidos no hayan perdido su significación primitiva? Por último, aun en el caso de que admitamos para Simón Lavalle haber tenido como lugar de nacimiento San Pedro de Somorrostro, "quién nos prueba que sus padres no fueron italianos, radicados en España? "Y por qué – después de todo – nunca se da que vengan de dicho país nativos que se apelliden Lavalle, en tanto que abundan los de ese nombre, provenientes de Italia?

La influencia italiana en el desarrollo científico argentino

Por imperio de la vocación, la necesidad o la persecución política, los italianos se dispersaron por el mundo. Liberales y patriotas revolucionarios protagonizaron una expansión humana que aportó brazos, ideas y sensibilidades a países jóvenes como la Argentina. Rivadavia, durante su efímera presidencia, atrajo a un núcleo de científicos que pronto vieron reproducidas aquí las adversas condiciones políticas del país de origen. La etapa iniciada en 1852 alentó una nueva oleada, la que a partir de l876 será masiva. Dentro de ella venían otros científicos a dar continuidad a la tarea iniciada en 1826.

Carlos Enrigue Pelleorini

Ingeniero, pintor. Nació en Chambéry (Saboya) en 1800. Hijo del arquitecto italiano Bemardo Bartolomé Pellegrini. Inició sus estudios en la escuela de su ciudad natal y en 1819 partió hacia Turín en cuya Universidad ingresó en el citado año. En 1821 interrumpió sus estudios para intervenir en el movimiento revolucionario del Piamonte; fracasada la rebelión, se vio obligado a huir a Francia. En París se inscribió en la Escuela Politécnica, donde se graduó de Ingeniero en 1825.

Llegó a Buenos Aires en l828: venía contratado por el gobierno de Rivadavia como ingeniero del Departamento de Obras Públicas. Debía proyectar y dirigir la construcción de un servicio que dotara de agua corriente a la ciudad. Al arribo de Pellegrini, ya se había producido la renuncia de Rivadavia; a pesar de la situación política y económica del país, Pellegrini efectuó el proyecto correspondiente en 1829 y lo sometió a las autoridades. Asimismo, se le encargó la construcción de un muelle de desembarco, pero tanto este plan como el anterior, fueron archivados.

Más adelante, durante la época de Rosas, continuó en el ejercicio de su profesión. Nombrado ingeniero municipal, ideó el proyecto de nivelación y pavimentación de Buenos Aires, emprendió diversas obras de carácter público y privado; construyó el primitivo Teatro Colón (en el lugar que actualmente ocupa el Banco de la Nación), que fue inaugurado en 1857. Asimismo, por orden del gobiemo de la Provincia, efectuó el reconocimiento científico de la zona de Bahía Blanca; según Zuccarini el primer plano de dicha ciudad, fue realizado por Pellegrini. Colaboró también en la reconstrucción de la Catedral Metropolitana. En su calidad de miembro del Consejo de Instrucción Pública, propuso en 1855 la creación de la Facultad de Ingeniería y, en 1858 la de Ciencias Económicas.

Cabe destacar otra fase de la actividad de Pellegrini: la de pintor. Al margen de su profesión oficial y, desde el primer año de su residencia en Buenos Aires, ya se insinuó como pintor de vistas urbanas y narrador costumbrista y posteriormente, como retratista.

En este sentido ha dejado una verdadera historia gráfica de la sociedad argentina de la época y de la ciudad de Buenos Aires. En 1830 abrió un taller frecuentado por las más distinguidas personalidades de su tiempo; pintó alrededor de ochocientos retratos y esta actividad le reportó grandes ganancias. Los temas urbanos y arquitectónicos lo atrajeron singularmente influido, sin duda. por su profesión de Ingeniero.

Después de una permanencia en Cafiuelas por razones de salud, regresó a Buenos Aires en 1840. Al año siguiente editó un álbum bajo el título de Recuerdos del Río de la Plata, serie de veinte láminas – de temas urbanos y costumbristas – impresas en la Litografía de las Artes de su propiedad. En 1853, fundó la "Revista del Plata", una de las publicaciones de más prestigio de entonces (l853-1861) con temas de índole agrícola ganadera i científica. En esta revista, Pellegrini se presenta como un precursor del urbanismo porteño. En 1854, fundó con Mitre, Veles Sarfield, Alsina Mármol, Dufeil y Tejedor, e1 Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata.

Pellemini fue además un disminuido escritor; entre sus trabajos en prosa debe recordarse su estudio sobre la condición social de Buenos Aires antes de 1810 y su evolución progresiva juzgada en 1830. Escribió asimismo poesías en francés, italiano y castellano; cuando fueron repatriados los restos de Rivadavia, le dedicó un poema en francés; el producto de su venta se destinaría a los fondos para la erección de un monumento en memoria del prócer. La estatua de Rivadavia o Canto a Rivadavia, es el título del poema político e histórico, dividido en cuatro partes. La figura del estadista aparece especialmente estudiada de acuerdo a estos subtítulos: Rivadavia filántropo, Rivadavia agrónomo, Rivadavia reformador y Rivadavia educador; Mitre tradujo al castellano este poema en 1859, contribuyendo así a aumentar los fondos que Pellegrini se había propuesto recaudar.

En otro orden de cosas, fue uno de los propulsores de la creación del Hospital Italiano de Buenos Aires, según se infiere de un artículo del biografiado: Los hospitales italianos en el Río de la Plata, publicado en diciembre de 1853 en su "Revista del Plata".

Falleció en Buenos Aires, en 1875. Fue el padre del doctor Carlos Pellegrini (1843-1906), quien desempeñó la presidencia de la República de 1890 a 1892.

En el año 1900, otro de sus hijos, Ernesto organizó una exposición de pinturas de Carlos Enrique Pellemini en ocasión del centenario de su nacimiento, en los salones del Ateneo, patrocinada por dicha asociación.

En 1919, la Sociedad de Acuarelistas Pastelistas y Grabadores, organizó asimismo una Exposición Retrospectiva de sus obras. En 1932. la Asociación de Amigos del Arte, de Buenos Aires, organizó también una exposición de numerosas obras de este artista. Figuró en las exposiciones "Un siglo de arte en la Argentina" (Buenos Aires, 1936) y "Cien años de Arte Rioplatense" (Buenos Aires,1947). Pellegrini está representado en el Museo Nacional de Bellas Artes; en el Histórico Nacional: en el Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodrímez (Santa Fe); en el Municipal de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco; en el Municipal de Bellas Artes (Rosario); en el Museo Mitre de Buenos Aires.

Pedro De Angelis

Periodista. Escritor. Historió. Nació en Nápoles, en 1784. Hijo del historiador Francisco De Angelis, pertenecía a una familia burguesa de su época. Muy joven alcanzó el grado de capitán de artillería y fue luego profesor en la Escuela Politécnica y Militar de su ciudad natal. Pero, cultor de disciplinas humanísticas, exégeta de Vico, prefirió éstas a la carrera militar. Su formación intelectual provenía de los autores de la Enciclopedia, y le tocó vivir en su ciudad el período de la dominación francesa, durante el cual estuvo vinculado por su hermano Andrés – que había obtenido por entonces una óptima posición política –, a la familia reinante de Joaquín Murat. Fue preceptor de los príncipes Luciano y Aquiles, hijos de aquel. Ocupó un cargo en la secretaría de Relaciones Exteriores y desempeñó asimismo el de consejero de la Intendencia de la provincia de Nápoles. Era también socio de la Academia Pontaniana.

Restaurado el régimen borbónico en Nápoles, se radicó en Ginebra, donde permaneció hasta 1820, año en que se trasladó a París. A mediados de dicho año, estallaron los movimientos revolucionarios napolitanos y De Angelis fue nombrado entonces secretario de la legación en San Petersburgo (Rusia), cargo que no llegó a desempeñar; en marzo de 1821 fue sofocada la insurrección, y perdida la esperanza de volver a Nápoles, De Angelis quedó en París. En dicha ciudad, ayudó al conde Gregorio Orioff en sus trabajos sobre la música y la pintura italianas: con anterioridad, en 1819 éste había iniciado su trabajo titulado Mémoires históriques. politiques et littéraires sur le Royaume de Vaples (París. 1819-21). y se había dirigido a De Angelis para el material histórico. De Angelis colaboró también en la Revue Europée y en la Biographie Universalice et Portative des contemporains (editada luego en París. en 1834), redactando para ella la parte relativa a Italia. Se proponía imprimir una biografía de los italianos vivientes y había ya hecho acopio de mucho material. Más tarde se desanimó, diciendo que sus pequeños artículos formaban parte de un diccionario inmenso donde los extranjeros, y los italianos especialmente, eran admitidos con mucha discreción. En efecto la Biographie publicó después sólo la vida de Salvador Rosa y la de Tomás Stigliani. Asimismo. A Michelet en sus estudios sobre Juan Bautista Vico, sobre el cual De Angelis había escrito trabajos inéditos.

En la capital francesa, De Angelis se hallaba vinculado a personalidades representativas de la época, y allí conoció a Bernardino Rivadavia, quedando ligado a la obra que éste desarrollaba en su patria. Las tramitabas con el comisionado del gobierno argentino Varaime, según instrucciones y autorización de Rivadavia, epilogaron con la venida de De Angelis a Buenos Aires, quien debía fundar, junto con el literato español José Joaquín Mora (a la sazón residente en Londres), dos periódicos oficiales y un Instituto de Instrucción secundaria similar a los existentes en Europa.

De Angelis llegó a nuestras playas a comienzos de 1827, junto con su esposa Mélanie Dayet. Refiere "La Nación", que la irrupción de este extranjero en nuestros círculos periodísticos y políticos no podía dejar de producir ciertos roces y resistencias. Mas es de notar también – prosigue el articulista – que De Angelis supo aportar en el ambiente apasionado de aquellos tiempos, en la lucha áspera de los partidos, una nota serena y moderna, y una visión completamente objetiva, casi exterior, en las apreciaciones de los hechos.

A poco de su llegada, fundó, y dirigió junto con Mora, un periódico cotidiano: "Crónica Política y Literaria de Buenos Aires", que inició su publicación en marzo de 1827. No bastaba polemizar; era necesario crear en la Argentina una opinión pública que, hasta entonces, "por la impericia y la perversión de sus órganos se había perdido" (escribía De Angelis dos míos más tarde), educarla con gusto europeo. con una finalidad más alta: para la comprensión de las reformas sociales que. ya introducidas. Rivadavia entendía desarrollar. De Angelis debía ser el educador del pueblo: instruir preparar el ambiente del Plata para los tiempos nuevos, que Rivadavia se había propuesto abrir al país. De Angelis fundó también en 1827 otro periódico. "El conciliador" de vida efímera. del que fue también colaborador. Poco después de la fundación de la "Crónica" dimitía Rivadavia y el periódico cesó de publicarse a fines del citado año 1827.

(Cabe notar que De Angelis, quien llegó a la Argentina con el propósito de dedicarse a las iniciativas culturales y a la política del país, no imortó los límites prescriptos a un extranjero, y tomó carta de ciudadanía; hizo uso por primera vez de su derecho de ciudadano argentino firmando una petición en la cual se protestaba contra los abusos en las elecciones. Este episodio puede considerarse como el primer nexo que lo ligó de un modo definitivo a la vida política argentina)

Sirvió después a la causa de Viamonte y a la de Juan Manuel de Rosas. Suspendida momentáneamente su actividad de periodista, tentó dedicarse a la educación de la juventud, y obtuvo del Gobierno la suma de tres mil pesos para crear un instituto de tipo europeo, el Ateneo. Constató que los alumnos, no obstante haber cursado la escuela primaria, poseían una formación deficiente. Pensó entonces en la necesidad de crear también una moderna escuela elemental, y a mediados de 1828 presentó el proyecto de una escuela de tipo inglés, que llamó "lancasteriana". Entretanto, su esposa, junto con la de Mora, había fundado en 1827 un colegio para señoritas, el Colegio Argentino, cuyo programa educativo se publicó en la "Crónica". En 1829, De Angelis iniciaba su colaboración en "Gaceta Mercantil", en la que continuó hasta 1832. También en 1829 fundó otro periódico: "El Lucero", que se publicó hasta 1833; en este último año fundó, asimismo, "El restaurador de las leyes", "Los Muchachos" y "El Monitor". En l831 y 1832, publicó un periódico semanal en francés: "Le Fláneur". Dedicado también a los estudios históricos, De Angelis publicó en 1836-37, en Buenos Aires, la famosa Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata (6 tomos), ilustrada con notas y disertaciones. Esta compilación le dio fama tanto en América cuanto en Europa, y ha merecido el respeto de todos los interesados como el "Muratori de la historia argentina". Domingo Faustino Sarmiento uno de los enemigos más tenaces de Rosas. Definió a esta obra como "el más glorioso monumento nacional que pueda hacer honor a un Estado americano, tanto es así que a De Angelis la República debe cuanto baste a perdonarle sus debilidades".

En 1840 publicó dos números de un periódico-revista titulado: "Espíritu de los mejores diarios que se publican en Europa y América", precursor del Archivo Americano y Espíritu de la prensa del mundo, que comenzó a dirigir tres años después. Se publicó en francés, inglés y castellano, desde junio de 1843 hasta diciembre de 1851. La muerte de su hermano Andrés, ocurrida en 1843 lo había afligido sobremanera y en carta a un amigo se lamentaba de no poder volver a Nápoles. Tenía la intención para conmemorarlo, de escribir una obra histórica sobre el último período del Reino de Nápoles. Destacando otra faceta del que hacer cultura intelectual de De Angelis, refiere José Ingenieros "que intentó dar a conocer en Buenos Aires la Ciencia Prueba de su compatriota Juan B. Vico, por quien tenía particular admiración".

Agreguemos que De Angelis administrador y arrendatario de la imprenta del Estado desde 1832. Y luego Rosas le confió su dirección hasta 1852. En 1840, desempeñó también el cargo de archivero del Estado. Reconciliado con los Borbones fue nombrado en l 856 cónsul general del Reino de las Dos Sicilias en Buenos Aires. En 1854, había logrado vender su rica biblioteca al Imperio del Brasil, la copiosa Colección De Angelis se encuentra en la actual Biblioteca Nacional de Río de Janeiro.

Falleció en Buenos Aires, en 1859. En su lecho de agonía, recibió la condecoración de la Orden de la Rosa, enviada por el emperador del Brasil don Pedro II. Los restos de De Angelis descansan en el Cementerio de la Recoleta.

Entre sus obras cabe citar: Noticias biográficas del brigadier Estanislao López (1830), Ensayo histórico sobre la vida del Excmo. Sr. D. Juan Manuel de Rosas (1930), Páginas biográficas del brigadier general Arenales (1832), Miscelánea (colección de sus artículos políticos más importantes, 1833) Memoria sobre el estado actual de la hacienda pública (1834), Recopilación de las leyes y decretos promulgados en Buenos Aires desde el 25 de Mayo de 1810 (1836-1841, 3 tomos más uno de índice) De la conducta de los Agentes de Francia durante el bloqueo del Río de la Plata (’1839). Documentos relativos al Chaco (1839), Explicación de las monedas del Río de la Plata (1840). Libro de lectura para las escuelas (1848). Proyecto de Constitución (que sometió al Director provisorio de la Confederación, general Urquiza, 18á2), Afemoria histórica sobre los derechos de soberanía y dominio de la Confederación Argentina a la parte austral del Continente americano (1852). Sobre la navegación del Amazonas. Respuesta a una Memoria de M Maury (l854, escrita por encargo del emperador del Brasil don Pedro de Alcántara, y que le valió la condecoración de la Orden de la Rosa, antes citada). En 1855, publicó en la "Revista del Plata" a pedido del ingeniero Carlos E. Pellegrini. Una noticia biográfica sobre Anadeo Bonpland: en dicho año, escribió también una biografía de Rosas.

Nicolás Levalle

Militar. Nació en Cicama (Génova), en 1840. Llegó a la Argentina, con sus padres, en 1842. En 1857 ya se había incorporado a la Academia militar. Luego de escalar todos los grados del escalafón, alcanzó la culminación de su carrera con el grado de teniente general, en 1890. Participó en la batalla de Cepeda, en 1859, en el sitio de Buenos Aires, tuvo a su cargo la defensa de una trinchera de la ciudad. Intervino asimismo en la batalla de Pavón, en 1861.

De 1865 a 1969, participó en la campai5a militar al Paraguay, luchando en Yatay, toma de Urumayana, Paso de la Patria, Itapirú, Estero Belleco, Tuyutí, Boquerón, Curupaytí. En 1867, formó parte de las fuerzas del general Paunero destacadas para sofocar las correrías de las montoneras del interior del país, después de lo cual volvió al teatro de la guerra. Actuó en Humaitá, Pikisiry, 1ta- Ibaté, Angostura y Peribebuy. En 1870 luchó en la provincia de Entre Ríos contra las fuerzas sublevadas de López Jordán actuando en el combate de Sauce. En 1873 retornó a Entre Ríos batiendo a los revolucionarios en Paraná, Las Cuchillas; ocupó La Paz; venció en Talita y Don Gonzalo, encuentro este último en el que resultó herido. Terminada la campaña, regresó a Buenos Aires en julio de l874, y con motivo de la revolución de septiembre, intervino activamente en su represión, hallándose en la jornada del 2 de diciembre en Junín, en la que el general Mitre se rindió.

Levalle tuvo también destacada actuación en las campañas del desierto. Fue nombrado jefe de la frontera sur de Buenos Aires, desde donde tuvo aguerridas intervenciones contra los indios. en especial contra el cacique Namuncurá. En 1879, participó en la campaña a Río Neyo efectuada por Julio A. roca (Levalle a la sazón, era jefe de las fuerzas destacadas en Carhué y durante su estada en dicha población, había fomentado el cultivo en esa zona árida).

En 1880, actuó en la campaña en contra del Dr. Tejedor, luchando en el combate de Barracas. En 1886. fue designado ministro de Guerra y Marina integrando el gabinete del presidente Juárez Celman. Actuó asimismo en la revolución de 1890, que epilogó con la renuncia del mencionado estadista. En el citado año, fue nuevamente ministro de Guerra y Marina, hasta que terminó el período presidencial del doctor Carlos Pellegrni. En 1897, tuvo a su cargo nuevamente la mencionada cartera.

En 1901, se le concedió licencia para trasladarse a Europa por razones de salud, y su regreso fue nombrado jefe de la "región de la Capital", cargo que desempeñó hasta su muerte, ocurrida en Buenos Aires, en 1902. Por su actuación en la guerra del Paraguay, Levalle había recibido numerosas condecoraciones. Asimismo, se le había concedido medalla de oro por su actuación en la conquista del desierto.

De pizzas v ravioles

La lectura de las cartas de los restaurantes porteños es una forma de leer la historia argentina. El empeño en destacar lo que ese pasado acredita como propio y homogéneo hizo olvidar lo que hay en él de universal y diverso. Quizás sea la comida lo más cosmopolita que tenemos. Los conflictos humanos y políticos que desató la interacción de elementos múltiples no se manifestaron en la comida. El paladar, menos prejuicioso y nada ideológico, aceptó de buena gana la confluencia de casi todas las cocinas. El condimento italiano predominó en ese proceso que fue de asimilación y mezclas culinarias antes que una simple superposición de gustos.

En 1895, veintisiete de cada cien habitantes de Buenos Aires, eran de origen italiano. Cinco años después, Luigi Einaudi observó: "el ambiente argentino está saturado de italianidad". A partir de 1876, y durante el medio siglo siguiente, llegaron a la Argentina más de 2.000.000 de italianos. Hace unos años, al arribar a Buenos Aires, el ex presidente Saragat experimentó la sensación de estar en su propia casa. Porque "en cierto sentido. la Argentina es el segundo país italiano".

No se trata del mero peso numérico. Lo italiano se manifiesta en una sensibilidad que deja su impronta en el estilo argentino. Tan es así que, por momentos, resulta difícil distinguir los rasgos de uno y otro. Cultura, valores, comidas, espectáculos, modas, gestos, se funden y confunden en la idiosincrasia argentina.

 

(*) del orador de la fecha

El Dr. Francisco Loyúdice, eminente cirujano, director honorario del Hospital Italiano, quien fue nombrado caballero de la Gran Cruz por el Gobierno Italiano, reúne el prestigio internacional en la medicina y el feliz cultivo de las letras. Los títulos y distinciones que ha sumado a lo largo de su vida, testimonian el reconocimiento que sus pares no le han escatimado. Es miembro de número de la Academia de Cirugía y fue becario del New York Hospital, del Saint Antoine parisiense y del Policlínico de Roma.

Es Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. En 1998 fue distinguido por la Honorable Cámara de Diputados como uno de los “Mayores Notables Argentinos” .

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